
Biodiversidad y recursos genéticos
Preservar la biodiversidad genética para obtener beneficios
A condición de disponer de semillas sanas y de buena calidad, la papa es un cultivo prometedor para los pequeños agricultores de los países en desarrollo. Para eso, es fundamental que la diversidad genética de la papa sea conservada y utilizada sobre una base sostenible y que los pequeños agricultores tengan acceso a ella. El Centro Internacional de la Papa (CIP), apoyado por la COSUDE, desempeña un papel central en la materia.
Breve vuelta atrás: en Irlanda, la papa se había convertido en el alimento básico de más de un tercio de los habitantes hacia finales del siglo XVII. Alimento que preservaba del hambre, la papa contribuyó probablemente a que la población sextuplicara entre 1760 y 1840. Sin embargo, en los años 1850 la epidemia de mildiu que había devastado las cosechas causó la muerte de un millón de irlandeses y empujó a otros cientos de miles a la inmigración. Al mismo tiempo, una epidemia similar provocaba la salida de millares de campesinos suizos hacia América del Sur.
Es una realidad que el cultivo de la papa está expuesto al riesgo de enfermedades, parásitos y factores climáticos como la sequía, las lluvias demasiado abundantes, la helada y el granizo. Pero las propias semillas constituyen elevados factores de riesgo. En efecto, pueden transportar enfermedades, virus, hongos, bacterias y contaminar campos y mercados. Por esa razón, es indispensable utilizar semillas sanas y de buena calidad. Hasta 50 % de los costes de producción deben invertirse en las semillas. Así, pues, ciertos programas apuestan por la producción de semillas de calidad a las que los pequeños agricultores de los países en desarrollo tienen acceso o son ellos mismos los productores.
Millares de formas y de colores extraordinarios
La mayor diversidad de papas del
mundo se encuentra precisamente en su lugar de origen, es decir, en la región del Lago Titicaca, en las altas mesetas de los Andes repartidas entre Perú y Bolivia. Se cuentan más de 5000 variedades,
de tantas formas, tamaños, colores, pieles, texturas y gustos diferentes. Casi 8000 años más tarde, la papa sigue siendo el alimento básico de las poblaciones del Altiplano y representa su principal
cultivo no sólo en términos de calorías, sino también de fuente de ingresos (y de ahorro).La conservación y utilización de millares de variedades de papa son esenciales ya que sólo una gestión sostenible de esta diversidad puede garantizar la seguridad alimentaria y preservar los hábitats, la salud y el medio ambiente. Contenidas en la Convención sobre Diversidad Biológica, su implementación corresponde a los centros internacionales de investigación agrícola CGIAR (Grupo consultivo para la investigación agrícola internacional). Uno de estos organismos, el Centro Internacional de la Papa (CIP), en Lima, es el mayor banco de germoplasmas del mundo (5000 variedades y 100 especies salvajes). En él, están repertoriadas, descritas y conservadas todas las especificidades de estas variedades.
Variedades nativas transformadas en productos nicho
El CIP, apoyado desde hace tiempo por
la COSUDE, también juega un rol clave en el fortalecimiento de las capacidades nacionales, p. ej., respaldando a los especialistas en los países en desarrollo en lo que se refiere al cultivo, la
formación y la organización de los programas nacionales de papa. El CIP procede a sus propias investigaciones y se sitúa a la punta de la innovación metodológica y técnica. Además, actúa como pionero
en la elaboración de partenariados privado- públicos, p. ej., con la iniciativa T’ikapapa destinada a conectar a los pequeños productores de papas indígenas con los mercados urbanos.Las papas indígenas se cultivan en tierras muy altas, a menudo en aldeas pobres. Lanzada en 1998 con el apoyo del CIP y de la COSUDE, la Iniciativa Papá Andina se ha dedicado a valorizar estas
variedades nativas, desarrollando un sector de productos nicho originales y de calidad que permiten a los pequeños agricultores ser protagonistas en los mercados nacionales o regionales y obtener
precios más elevados y más estables. La cadena comercial creada para estos productos es el resultado de procesos participativos en los que tienen parte todos los actores implicados: productores,
investigadores, comerciantes. Papá Andina es un programa regional implementado por tres contrapartes nacionales en Perú, Bolivia y Ecuador.
Crear bases sostenibles
Pese a esta gran biodiversidad y a
los beneficios económicos que se derivan de su utilización, existe un riesgo real de estagnación de la producción de la papa en las tierras cultivables. Esta situación significa pérdida de
competitividad y baja de precios para los pequeños campesinos. Por ello, es de vital importancia preservar la diversidad genética sobre una base a largo plazo. Conscientes del problema, Bolivia, Perú
y Ecuador han declarado 12 a 18 % de su superficie como zonas protegidas. Sin embargo, una parte sustancial de la biodiversidad se encuentra fuera de estas zonas. Por consiguiente, los tres países
han unido sus esfuerzos en un programa regional, llamado BioAndes con el fin de promover sobre todo la gestión sostenible de la biodiversidad en zonas no protegidas. En general, el programa, que es
apoyado por la COSUDE, se propone preservar la diversidad genética de los Andes a través de la colaboración interinstitucional, la formación y la investigación.
Informaciones complementarias y documentación
-
International Potato Center (CIP)
http://www.cipotato.org - Cambios climáticos y medio ambiente
- T’ikapapa – papa indígena en Peru
- Biodiversidad